Quizás no se merece tanto. Podría interpretarse hasta un homenaje inmerecido. Porque es difícil tener algun gesto de compasión con un señor como Jorge Giordani al vernos en el caos económico que nos encontramos gracias a su accionar.
Tras su entrevista en Aporrea donde advierte "La economía venezolana es una bomba de tiempo", que no hace más que agregar lo dicho en dos declaraciones previas, una de las cuales se mereció el excelente artículo de Laureano Márquez, Your dany, la gente, y especialmente los economistas no mascaron en darle hasta con el tobo por la magnitud de su irresponsabilidad.
"En cada una de las metidas de pata de Venezuela está la uña de Giordani" dijo Francisco Faraco a César Miguel Rondón, y remató diciendo "cuando la gente está en el ocaso de la vida, trata de blanquear su sepulcro. Eso es lo que intenta Giordani".
Por twitter Asdrubal Oliveros empezó diciendo "Jorge Giordani, el padre de este desastre económico, dando lecciones en política económica. Hay que ser bien descarado, la verdad".
Y así este economista introdujo un adjetivo:descarado".
Previamente, Naky Soto, en su Zaperoco, fue menos sutil. Le llamó simplemente: "Un redoblado hijo de puta".
Mauricio Dávila, más calmado colocó en su muro de facebook (acompañando a la nota de Giordani) "Sinverguenza" junto a las acepciones que da el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
Yo mismo clamaba en mi tuiter temprano en la mañana "Deberíamos inventar un adjetivo para calificar a Giordani". Han pasado las horas y de verdad, pensándolo mejor, creo que Giordani debe ser el adjetivo.
De ahora en adelante, hasta quien sabe cuando, en el momento que debamos referirnos a una desacertada política económica bastaría decir Giordani para que todos entendieran el peligro que corremos.
Giordani, el adjetivo, sería el crisol donde se mezclan muchos adjetivos y ofensas: cara e´tabla, sinverguenza, redoblado hijo de puta, descarado, infeliz, complice, y muchos mas.
La economía de hoy, que es la misma de la del comandante, tiene un solo adjetivo: Giordani.
Ya que "Vivir viviendo" fue víctima de un virus o un hackeo, qué se yo, aquí les cuento, como el título de la canción de Fito, dónde va mi vida
Vistas de página en total
jueves, 11 de junio de 2015
martes, 28 de abril de 2015
Empresas Polar y el gobierno
En 2011, en el curso de Gerencia Estratégica de la Maestría de Gerencia Ambiental de la Universidad de Los Andes (Colombia), un grupo de estudiantes, incluyendo dos venezolanos, escogimos como caso de estudio y análisis la situación de Empresas Polar frente al gobierno venezolano. El nombre del trabajo describe, a mi juicio, de manera exacta el dilema: Empresas Polar: cuando el gobierno es tu mayor amenaza.
A raíz de la “interacción” del gobierno en 2013 (ésta vez de Maduro) con la empresa y en el contexto de escasez que padecíamos (y seguimos padeciendo en 2015), recordé el trabajo y me dediqué a extraer aspecto relevantes que hoy vale la pena (re)considerar.
Evidenciamos en nuestro trabajo que una de las fortalezas de Empresas Polar son sus canales de distribución amplios y eficientes que, junto a numerosos puntos de venta, le permiten cubrir todo el territorio venezolano y atender a un gran número de clientes. Además entre 60 y 70% de sus clientes del sector alimento está conformado por pequeños y medianos distribuidores.
Cuando revisamos las amenazas que visualizamos el 2011, se evidencia como estas se mantienen casi igual, años más tarde:
1. Disminución de la producción de las materias primas agrícolas en Venezuela. Debido a procesos de invasiones, intervenciones de parte del gobierno y expropiación de tierras, a la regulación de precios y a factores climáticos, la producción de rubros como maíz, papa, arroz, sorgo y frutales, ha disminuido. Esos rubros son fundamentales en la elaboración de muchos productos de Empresas Polar. De continuar esta tendencia, la producción de la empresa puede verse afectada.
2. Problemas para importar materia prima. La importación de insumos agrícolas en Venezuela está sujeta a una serie de permisos gubernamentales, cuyos trámites generan retardo en los procesos de las empresas.
3. Dificultad para el pago de materia prima importada. Se requiere Autorización de Liquidación de Divisas (ALD) para que CADIVI pague al proveedor el monto de la importación, ésta debe hacerse después de la nacionalización de la mercancía en el puerto. No existe un plazo máximo para que CADIVI cancele estas divisas, mientras no se concrete la emisión del ALD el proveedor internacional no recibe el pago por su venta.
Mercado Cambiario. Existe un control de cambios de moneda extranjera, mediante el cual el gobierno es el único ente autorizado para otorgar divisas. Los problemas operativos de CADIVI, generan retrasos en la asignación de divisas. Además las empresas nacionales no pueden convertir libremente sus ganancias para inversiones en el exterior.
4. Importación de alimentos por el gobierno. El gobierno de Venezuela se ha convertido en el principal competidor de Empresas Polar, ya que importa y distribuye alimentos de consumo masivo, los cuales están subsidiados.
5. Control de Precios de los alimentos de la cesta básica. Dichos precios son fijados por el Gobierno sin considerar los costos de la cadena de valor. Esto afecta los márgenes de ganancia de Empresas Polar.
6. Expropiación. Implicaría la toma forzosa de la empresa por parte del gobierno.
Analistas consultados en esa fecha, es decir 2011, consideraban que la respuesta a la expropiación de Empresas Polar “no es un asunto de Sí o No, sino cuando, y para ello el gobierno debe esperar el momento de menor riesgo político”, mientras que otros señalan que la “única opción que tiene la empresa es otro gobierno”.
Para nuestro análisis encontramos un estudio que evidenciaba la percepción de los consumidores elaborado por – sorpréndase – Hinterlaces para junio de 2010, que decían lo siguiente:
· Ante la pregunta si cree que el Presidente de la República (Hugo Chávez) quiere limitar la propiedad privada o fortalecerla, el 69% cree que se quiere limitar la propiedad privada, 25% fortalecerla.
· 70% de los encuestados se mostró en desacuerdo con la nacionalización o expropiación de empresas y haciendas, mientras que 25% está de acuerdo.
· Ante la pregunta de qué prefieren entre propiedad privada o propiedad colectiva o comunal, 80% se inclinó por la propiedad privada, 17% por la colectiva.
· Al consultarle la opinión sobre Empresas Polar, basándose en lo que saben o escuchan de ella, 76% manifestó una opinión favorable, 19% desfavorable.
· 83% está en desacuerdo con que el Gobierno expropie Polar, en tanto que 13% sí está de acuerdo y 4% no sabe o no responde.
· 87% cree que el Gobierno y la empresa privada deben dialogar y trabajar juntos, 11% cree lo contrario.
No está demás señalar que la proporción de la fuerza política y electoral del Gobierno en 2010, fecha del estudio, dista mucho de la situación actual aunque los líderes del gobierno parecieran ignorarlo.
A partir de todos los datos recogidos en casi 50 páginas, construimos 7 escenarios posibles para Empresas Polar y produjimos una conclusión central y una recomendación:
Dada la complejidad de administrar a Empresas Polar, y la limitada experiencia del Gobierno de Venezuela en la industria de los alimentos, junto con el costo político y social que le acarrearía al Gobierno una deficiente distribución de alimentos, consideramos que las probabilidades de una expropiación de la empresa son relativamente bajas, a pesar de las continuas amenazas públicas.
Por tanto, en nuestro trabajo estimamos y recomendamos a Empresas Polar, que sin subestimar las amenazas del gobierno, optara por incrementar su inversión en Venezuela junto con el posicionamiento de sus marcas emblemáticas, sin detener sus esfuerzos tendentes a la internacionalización.
En el trabajo obtuvimos 4,75 puntos de 5.
La recomendación al Gobierno es que si quiere se copie de lo que dijimos y así Venezuela puede sacar una mejor nota.
Alejandro Luy
A raíz de la “interacción” del gobierno en 2013 (ésta vez de Maduro) con la empresa y en el contexto de escasez que padecíamos (y seguimos padeciendo en 2015), recordé el trabajo y me dediqué a extraer aspecto relevantes que hoy vale la pena (re)considerar.
Evidenciamos en nuestro trabajo que una de las fortalezas de Empresas Polar son sus canales de distribución amplios y eficientes que, junto a numerosos puntos de venta, le permiten cubrir todo el territorio venezolano y atender a un gran número de clientes. Además entre 60 y 70% de sus clientes del sector alimento está conformado por pequeños y medianos distribuidores.
Cuando revisamos las amenazas que visualizamos el 2011, se evidencia como estas se mantienen casi igual, años más tarde:
1. Disminución de la producción de las materias primas agrícolas en Venezuela. Debido a procesos de invasiones, intervenciones de parte del gobierno y expropiación de tierras, a la regulación de precios y a factores climáticos, la producción de rubros como maíz, papa, arroz, sorgo y frutales, ha disminuido. Esos rubros son fundamentales en la elaboración de muchos productos de Empresas Polar. De continuar esta tendencia, la producción de la empresa puede verse afectada.
2. Problemas para importar materia prima. La importación de insumos agrícolas en Venezuela está sujeta a una serie de permisos gubernamentales, cuyos trámites generan retardo en los procesos de las empresas.
3. Dificultad para el pago de materia prima importada. Se requiere Autorización de Liquidación de Divisas (ALD) para que CADIVI pague al proveedor el monto de la importación, ésta debe hacerse después de la nacionalización de la mercancía en el puerto. No existe un plazo máximo para que CADIVI cancele estas divisas, mientras no se concrete la emisión del ALD el proveedor internacional no recibe el pago por su venta.
Mercado Cambiario. Existe un control de cambios de moneda extranjera, mediante el cual el gobierno es el único ente autorizado para otorgar divisas. Los problemas operativos de CADIVI, generan retrasos en la asignación de divisas. Además las empresas nacionales no pueden convertir libremente sus ganancias para inversiones en el exterior.
4. Importación de alimentos por el gobierno. El gobierno de Venezuela se ha convertido en el principal competidor de Empresas Polar, ya que importa y distribuye alimentos de consumo masivo, los cuales están subsidiados.
5. Control de Precios de los alimentos de la cesta básica. Dichos precios son fijados por el Gobierno sin considerar los costos de la cadena de valor. Esto afecta los márgenes de ganancia de Empresas Polar.
6. Expropiación. Implicaría la toma forzosa de la empresa por parte del gobierno.
Analistas consultados en esa fecha, es decir 2011, consideraban que la respuesta a la expropiación de Empresas Polar “no es un asunto de Sí o No, sino cuando, y para ello el gobierno debe esperar el momento de menor riesgo político”, mientras que otros señalan que la “única opción que tiene la empresa es otro gobierno”.
Para nuestro análisis encontramos un estudio que evidenciaba la percepción de los consumidores elaborado por – sorpréndase – Hinterlaces para junio de 2010, que decían lo siguiente:
· Ante la pregunta si cree que el Presidente de la República (Hugo Chávez) quiere limitar la propiedad privada o fortalecerla, el 69% cree que se quiere limitar la propiedad privada, 25% fortalecerla.
· 70% de los encuestados se mostró en desacuerdo con la nacionalización o expropiación de empresas y haciendas, mientras que 25% está de acuerdo.
· Ante la pregunta de qué prefieren entre propiedad privada o propiedad colectiva o comunal, 80% se inclinó por la propiedad privada, 17% por la colectiva.
· Al consultarle la opinión sobre Empresas Polar, basándose en lo que saben o escuchan de ella, 76% manifestó una opinión favorable, 19% desfavorable.
· 83% está en desacuerdo con que el Gobierno expropie Polar, en tanto que 13% sí está de acuerdo y 4% no sabe o no responde.
· 87% cree que el Gobierno y la empresa privada deben dialogar y trabajar juntos, 11% cree lo contrario.
No está demás señalar que la proporción de la fuerza política y electoral del Gobierno en 2010, fecha del estudio, dista mucho de la situación actual aunque los líderes del gobierno parecieran ignorarlo.
A partir de todos los datos recogidos en casi 50 páginas, construimos 7 escenarios posibles para Empresas Polar y produjimos una conclusión central y una recomendación:
Dada la complejidad de administrar a Empresas Polar, y la limitada experiencia del Gobierno de Venezuela en la industria de los alimentos, junto con el costo político y social que le acarrearía al Gobierno una deficiente distribución de alimentos, consideramos que las probabilidades de una expropiación de la empresa son relativamente bajas, a pesar de las continuas amenazas públicas.
Por tanto, en nuestro trabajo estimamos y recomendamos a Empresas Polar, que sin subestimar las amenazas del gobierno, optara por incrementar su inversión en Venezuela junto con el posicionamiento de sus marcas emblemáticas, sin detener sus esfuerzos tendentes a la internacionalización.
En el trabajo obtuvimos 4,75 puntos de 5.
La recomendación al Gobierno es que si quiere se copie de lo que dijimos y así Venezuela puede sacar una mejor nota.
Alejandro Luy
viernes, 3 de abril de 2015
Prohibido confundir esperanza con oportunidad
I
Noveno inning. El equipo pierde por tres carreras, pero las bases están llenas. ¿Podrán darle la vuelta a la tortilla y ganar el juego?
La respuesta del fanático es la esperanza: ¡por supuesto! Este no se pone a analizar, porque en la esperanza solo hay deseo.
"Claro que vamos ganar", y esto no tiene nada que ver con las características de los bateadores propios o del pitcher contrario. La esperanza es un acto irracional.
Quien está afuera de los sentimientos, lo que ve es la oportunidad, una mezcla de estadística, capacidad de pitcher, estrategias de los manager, el bateador y su desempeño en la serie, el día, la temporada o en su carrera. Aquí es pertinente, normal, y hasta necesario, el escepticismo que no es otra cosa que la probabilidad (baja) de que algo ocurra en función de los datos con que se analiza la situación.
La esperanza tiene que ver con la fe, que en su sentido más extremo es el fanatismo.
Evidentemente, muchas veces la oportunidad y la esperanza pueden unirse.
Pero lo que termine pasando en ese noveno inning no es producto de análisis o de fe, sino será la resultante de la actuación del pitcher y el bateador, y eventualmente del resto de los jugadores en el campo. Un lanzamiento malo, o un cuadrangular del bateador con el peor promedio, en el que nadie cree, puede hacer que la fe valga más que la estadística.
II
A decir de los comentarios de varios amigos, parece que no he logrado comunicar de manera clara mi idea cuando escribí sobre el Ministerio de Ecosocialismo y Aguas. Quizás se deba a ellos lo han leído desde el escepticismo, fundamentado en análisis racionales basados en experiencias previas, difíciles de objetar; absolutamente comprensibles.
Pero como a mi me importa tanto lo que he dicho - y sostengo - utilizo esta líneas para aclarar lo que no fue entendido (acto contrario a lo que recomiendan los escritores): yo no estoy hablando desde la fe. Yo estoy claro de que "los deseos no empreñan".
Hablo de la racionalidad de las oportunidades. De la posibilidad de cambiar las cosas si los jugadores hacen sus jugadas. No soy optimista, tampoco pesimista. Ninguno de esos sentimientos han sido expuestos en mis palabras.
Mi artículo pretende ser al Ministerio y al Ministro, lo que las señas de un coach de tercera a un bateador que está en el plato y tiene tres hombres en base: una sugerencia (para mi necesaria), que no es otra que esperar el picheo adecuado; no le tires a bolas malas.
III
Los que les gusta el béisbol conocen la máxima de Yogi Berra: el juego no se acaba hasta que termina.
Y yo sigo en las gradas tomándome una cerveza, para ver las jugadas hasta el out 27.
Alejandro Luy
miércoles, 4 de marzo de 2015
Ramos Allup presidente
Querido niño Jesús:
En primer lugar debo decirte que el título de esta carta, es una solicitud y no una predicción. Y la petición es para ti: yo, que me he portado bien todo el año, te solicito como regalo a Henry Ramos Allup como presidente de la república en el 2006.
Como se que la solicitud puede resultar extraña, y contraviniendo la tradición de las cartas dirigidas a ti, he considerado necesario argumentar mi solicitud, la cual seguramente se convertirá en un deseo mayoritario.
En primer lugar, yo estoy súper convencido de que si Ramos Allup se convierte en presidente, en menos de un año todos los venezolanos empezaremos a añorar al gobierno anterior, es decir al actual, que tanta crítica recibe tanto adentro como afuera del país.
No se si tu corta edad te impide recordar que cada vez que se instala un gobierno empezamos a extrañar al anterior y nos damos cuenta de que no era tan malo como llegamos a pensar. ¡Tu no te imaginas la cantidad de gente que en estos tiempos evoca el gobierno de Caldera e incluso el de CAP II!
Entonces, cuando menos lo esperemos, muchos coincidiremos que eran buenas las misiones, y la política exterior, y la economía, y el petróleo a Cuba, y la gasolina de los pobres de EEUU, y los planes de desarrollo del gobierno actual, que será el gobierno anterior una vez que se monte Ramos Allup.
Si Ramos Allup es presidente (¿o debo decir cuando Ramos Allup sea presidente?), regresarían las romerías blancas que tan divertidas eran, bien en la avenida México o en la avenida Bolívar. Sin tanto formalismo como los actuales mega mercales, se harían dos o tres veces al año, siendo la más relevante la que celebremos los 13 de septiembre en la conmemoración del aniversario del partido. Y entonces uno ira a beber cerveza y a ver a los dirigentes sonrientes con sus gorritas blancas. Nada de sacar la cédula, el pasaporte o comprar carne. Cuando mucho a comer pinchos.
Pero también tendríamos fiestas carnestolendas y patronales en absolutamente todos los pueblos donde haya una casa de AD en Venezuela. Es decir tendríamos - como antes - fiestas carnestolendas y patronales en toda Venezuela.
A decir de lo sucedido en los tres últimos gobiernos adecos, es casi seguro que volverían las barraganas, que cumplían tres funciones: "atender" al presidente, hacer chanchullos y - lo más importante - nos darían a los mortales elementos para el chisme y la guasa.
Si Ramos Allup es presidente, con los adecos volverán los copeyanos y entonces volveremos a hablar de la guanabana, ya que en todos la administración pública encontraríamos ministros, vice-ministros, directores, “verdes por fuera pero blancos por dentro”.
Pero te digo que aquí está el principal motivo de esta solicitud, mi querido niño Jesús. En este párrafo te explico, final y muy egoístamente, porqué yo quiero que Ramos Allup sea presidente. Cuando gane Ramos Allup yo podré sentarme nuevamente con todos, absolutamente con todos, mis amigos y familiares, de la A a la Z, en cualquier plaza, esquina, fiesta o botiquín a hablar sobre el presidente y sus ministros, y, sin discrepancias ni molestias, todos juntos expresar a viva voz: ¡este gobierno es una mierda!.
Alejandro Luy
Publicado en el diario El Mundo el 20 de diciembre de 2005.
En primer lugar debo decirte que el título de esta carta, es una solicitud y no una predicción. Y la petición es para ti: yo, que me he portado bien todo el año, te solicito como regalo a Henry Ramos Allup como presidente de la república en el 2006.
Como se que la solicitud puede resultar extraña, y contraviniendo la tradición de las cartas dirigidas a ti, he considerado necesario argumentar mi solicitud, la cual seguramente se convertirá en un deseo mayoritario.
En primer lugar, yo estoy súper convencido de que si Ramos Allup se convierte en presidente, en menos de un año todos los venezolanos empezaremos a añorar al gobierno anterior, es decir al actual, que tanta crítica recibe tanto adentro como afuera del país.
No se si tu corta edad te impide recordar que cada vez que se instala un gobierno empezamos a extrañar al anterior y nos damos cuenta de que no era tan malo como llegamos a pensar. ¡Tu no te imaginas la cantidad de gente que en estos tiempos evoca el gobierno de Caldera e incluso el de CAP II!
Entonces, cuando menos lo esperemos, muchos coincidiremos que eran buenas las misiones, y la política exterior, y la economía, y el petróleo a Cuba, y la gasolina de los pobres de EEUU, y los planes de desarrollo del gobierno actual, que será el gobierno anterior una vez que se monte Ramos Allup.
Si Ramos Allup es presidente (¿o debo decir cuando Ramos Allup sea presidente?), regresarían las romerías blancas que tan divertidas eran, bien en la avenida México o en la avenida Bolívar. Sin tanto formalismo como los actuales mega mercales, se harían dos o tres veces al año, siendo la más relevante la que celebremos los 13 de septiembre en la conmemoración del aniversario del partido. Y entonces uno ira a beber cerveza y a ver a los dirigentes sonrientes con sus gorritas blancas. Nada de sacar la cédula, el pasaporte o comprar carne. Cuando mucho a comer pinchos.
Pero también tendríamos fiestas carnestolendas y patronales en absolutamente todos los pueblos donde haya una casa de AD en Venezuela. Es decir tendríamos - como antes - fiestas carnestolendas y patronales en toda Venezuela.
A decir de lo sucedido en los tres últimos gobiernos adecos, es casi seguro que volverían las barraganas, que cumplían tres funciones: "atender" al presidente, hacer chanchullos y - lo más importante - nos darían a los mortales elementos para el chisme y la guasa.
Si Ramos Allup es presidente, con los adecos volverán los copeyanos y entonces volveremos a hablar de la guanabana, ya que en todos la administración pública encontraríamos ministros, vice-ministros, directores, “verdes por fuera pero blancos por dentro”.
Pero te digo que aquí está el principal motivo de esta solicitud, mi querido niño Jesús. En este párrafo te explico, final y muy egoístamente, porqué yo quiero que Ramos Allup sea presidente. Cuando gane Ramos Allup yo podré sentarme nuevamente con todos, absolutamente con todos, mis amigos y familiares, de la A a la Z, en cualquier plaza, esquina, fiesta o botiquín a hablar sobre el presidente y sus ministros, y, sin discrepancias ni molestias, todos juntos expresar a viva voz: ¡este gobierno es una mierda!.
Alejandro Luy
Publicado en el diario El Mundo el 20 de diciembre de 2005.
sábado, 21 de febrero de 2015
Soy flaco
La afirmación no es algo que deba sorprender a quienes me conocen, ni que se pueda esconder a aquellos que me ven por primera vez. No hay duda: soy flaco.
Mi flacura no es clandestina, es lo suficiente visible para no pasar desapercibida.
Y soy flaco desde, prácticamente, mi nacimiento. Son ya varias décadas de flacura gracias a los genes, esas cosas que nos pasan nuestros padres y que no pueden ser alteradas. No importa cuanto coma, ni el ejercicio que haga, para los otros siempre he sido y seré flaco.
Una vez encontré en una casa de antigüedades un manual de Charles Atlas con el método que él mismo inventó para convertir a los alfeñiques en papeados. A pesar de la dedicación y el empeño puesto, la cosa no funcionó, seguí siendo flaco.
Cuando nos casamos mi esposa tenía la expectativa de que en mi se repitiera el patrón de todo hombre, según el cual, después del sí ante el juez, engordas. Pues sus deseos se han frustrado porque después de muchos años ni barriga me ha salido.
Les confieso que no comprendo como la gente que he conocido y ha dejado de verme luego de un tiempo, una semana, un mes, dos o cinco años, invariablemente señala: ¡chico pero estás más flaco! o en su variante sarcástica ¡coño, estás más gordo!
Si fuera verdad que el tiempo transcurre bajo la premisa de que cada día soy más flaco, hoy sería una calavera.
Soy flaco, imposible ocultarlo, pero no entiendo por qué la gente con la que te cruzas por primera, y quizás única, vez en la calle, en una oficina, en una tienda o en el cine, toma el adjetivo como forma de saludo o de rompe hielos: dime flaco en que podemos ayudarte; flaco me puedes decir la hora, un permiso flaco.
Un día golpee mi rodilla con una sólida barra de metal, e inmediatamente escuche a la mujer que se sentaba al lado decir: ¡Eso te pasa por ser flaco!
Puede usted imaginar las capas de grasa y carne necesaria para que un golpe en la rodilla con una barra de metal deje de ser doloroso.
Pero llegó el día en el que me pregunté si yo, como retribución a quienes me rodeaban, podría ir por la vida calificando a la gente por su característica más visible o incluso por aquella que trata de ocultar pero nunca es posible.
¿Podría toda relación empezar a partir de un epíteto?
La respuesta a mi pregunta fue un contundente sí.
Y de allí en adelante mi vida cambió.
A "buenos días flaco", "flaco que deseas", "flaco podrías atenderme", flaco etc. etc., respondo: buenos días gorda, calvo unas pastillas, celulítica qué necesitas, etc, etc. Así voy recordándoles a todos lo que son: arrugada, lampiño, barrigón, panzona, manco, culona, narizón, chinga, enano, tuerta, bigotudo, barbudo, dientona, varicosa, fofo, casposo, negro, manchado, catire, bachaco, grasosa, sudón, vieja, orejas peludas, mocoso, cojo, jorobado, pipí chiquito, bola de toro, marutona, flaca.
Alejandro Luy
Publicado en El Mundo, el 26 de febrero de 2004
Mi flacura no es clandestina, es lo suficiente visible para no pasar desapercibida.
Y soy flaco desde, prácticamente, mi nacimiento. Son ya varias décadas de flacura gracias a los genes, esas cosas que nos pasan nuestros padres y que no pueden ser alteradas. No importa cuanto coma, ni el ejercicio que haga, para los otros siempre he sido y seré flaco.
Una vez encontré en una casa de antigüedades un manual de Charles Atlas con el método que él mismo inventó para convertir a los alfeñiques en papeados. A pesar de la dedicación y el empeño puesto, la cosa no funcionó, seguí siendo flaco.
Cuando nos casamos mi esposa tenía la expectativa de que en mi se repitiera el patrón de todo hombre, según el cual, después del sí ante el juez, engordas. Pues sus deseos se han frustrado porque después de muchos años ni barriga me ha salido.
Les confieso que no comprendo como la gente que he conocido y ha dejado de verme luego de un tiempo, una semana, un mes, dos o cinco años, invariablemente señala: ¡chico pero estás más flaco! o en su variante sarcástica ¡coño, estás más gordo!
Si fuera verdad que el tiempo transcurre bajo la premisa de que cada día soy más flaco, hoy sería una calavera.
Soy flaco, imposible ocultarlo, pero no entiendo por qué la gente con la que te cruzas por primera, y quizás única, vez en la calle, en una oficina, en una tienda o en el cine, toma el adjetivo como forma de saludo o de rompe hielos: dime flaco en que podemos ayudarte; flaco me puedes decir la hora, un permiso flaco.
Un día golpee mi rodilla con una sólida barra de metal, e inmediatamente escuche a la mujer que se sentaba al lado decir: ¡Eso te pasa por ser flaco!
Puede usted imaginar las capas de grasa y carne necesaria para que un golpe en la rodilla con una barra de metal deje de ser doloroso.
Pero llegó el día en el que me pregunté si yo, como retribución a quienes me rodeaban, podría ir por la vida calificando a la gente por su característica más visible o incluso por aquella que trata de ocultar pero nunca es posible.
¿Podría toda relación empezar a partir de un epíteto?
La respuesta a mi pregunta fue un contundente sí.
Y de allí en adelante mi vida cambió.
A "buenos días flaco", "flaco que deseas", "flaco podrías atenderme", flaco etc. etc., respondo: buenos días gorda, calvo unas pastillas, celulítica qué necesitas, etc, etc. Así voy recordándoles a todos lo que son: arrugada, lampiño, barrigón, panzona, manco, culona, narizón, chinga, enano, tuerta, bigotudo, barbudo, dientona, varicosa, fofo, casposo, negro, manchado, catire, bachaco, grasosa, sudón, vieja, orejas peludas, mocoso, cojo, jorobado, pipí chiquito, bola de toro, marutona, flaca.
Alejandro Luy
Publicado en El Mundo, el 26 de febrero de 2004
Yo en el Maratón de la CAF 2012 (o por qué corren los que corren)
Empiezo advirtiendo que este no es un artículo deportivo. El hecho de que yo haya estado en el Maratón de la CAF de 2012 desde las 6 de la mañana no debe tomarse como un indicativo de que soy un deportista que se atrevió a aceptar el reto de correr 21 o 42 K, es decir media o la maratón completa.
Quien me conoce sabe que soy de los que sostiene la tesis de que el deporte es malo para la salud. Una fascitis plantar o un codo de tenista no le da a quienes nos quedamos tranquilo viendo la televisión, aunque sean deportes por ESPN. Esas son algunas de las enfermedades propias de quienes se dicen “deportistas”.
Tampoco se trata de ser un faramallero, para lucir los veintúnicos shores Nike y la veintiúnica franela puma, antes los más de seis mil corredores/as que se soltaron a correr este 26 de febrero.
Fui al Maratón de la CAF para hacer un par de investigaciones. La primera, pretendía tener una medida de cuan atletas son mis amigos, o al menos la gente con la cual estuve relacionado en el pasado. Uno sabe de alguna gente que se la pasa corriendo los 10K, los 21K y hasta las 42K, pero cuántos de esos que son como uno realmente disfrutan de poner sus pasos sobre el asfalto. Bueno después de este día al menos me ha quedado claro que, además de Eddy y Luciano, no parece haber ningún amigo que ande cometiendo esas imprudencias. A nadie más de los que están en mi facebook los vi cruzando la meta. Si sumo a los corredores de diez kilómetros, Diana, Ninoska, Thony, Antonio, Anita y Pedro, entonces queda claro que la mayoría de mis amigos/as son gente normal como Carlos y Norberto que superaron esa etapa de andar corriendo en su juventud temprana. José Agustín parece que va a caer en el camino de la perdición, ojalá la cerveza lo salve.
Pero, y aquí viene la segunda investigación, debe haber un motivo para que más de seis mil personas, jóvenes, viejas, gordas, flacas, bellas o feas, decidan enfrentar ese poco de kilómetros un domingo antes de que salga el sol. No debe ser el premio metálico, que en ésta oportunidad era muy bueno, porque la mayoría no tenía cara de estar engañándose: estaban claritos que son parte de “el lote”.
He escuchado la tesis de que el trotar genera tantas endorfinas que prácticamente terminas drogado, pero si ese fuese el motivo más de uno se le debe haber pasado la nota una vez que los músculos le empezaron a doler. Casi todos los que vi en la carrera luego estaban en las carpas de Dencorub.
Ansioso por saber el motivo pensé que la razón de tanto esfuerzo no la iba a encontrar en el camino sino en la meta. Logrando escabullírmele a los policías, organizadores y voluntarios me quedé plantado por más de cuatro horas en el extremo final de la carrera grabando lo que sucedía cada vez que un corredor traspasaba la meta.
Y fue así como, justo en el momento que salió el sol me di cuenta por qué la gente corre un Maratón. Qué es aquello que los estimula, cuál es el motivo que lo mueve a tanto esfuerzo. Por qué madrugar, gastar zapatos y sudar un domingo de febrero.
La razón: un cambur. Amarillo, madurito y lleno de potasio.
La gente corre para que le den un cambur. Con ese estímulo, vale la pena el esfuerzo. Al menos eso piensan los maratonistas.
Alejandro Luy
26 de febrero de 2012
Quien me conoce sabe que soy de los que sostiene la tesis de que el deporte es malo para la salud. Una fascitis plantar o un codo de tenista no le da a quienes nos quedamos tranquilo viendo la televisión, aunque sean deportes por ESPN. Esas son algunas de las enfermedades propias de quienes se dicen “deportistas”.
Tampoco se trata de ser un faramallero, para lucir los veintúnicos shores Nike y la veintiúnica franela puma, antes los más de seis mil corredores/as que se soltaron a correr este 26 de febrero.
Fui al Maratón de la CAF para hacer un par de investigaciones. La primera, pretendía tener una medida de cuan atletas son mis amigos, o al menos la gente con la cual estuve relacionado en el pasado. Uno sabe de alguna gente que se la pasa corriendo los 10K, los 21K y hasta las 42K, pero cuántos de esos que son como uno realmente disfrutan de poner sus pasos sobre el asfalto. Bueno después de este día al menos me ha quedado claro que, además de Eddy y Luciano, no parece haber ningún amigo que ande cometiendo esas imprudencias. A nadie más de los que están en mi facebook los vi cruzando la meta. Si sumo a los corredores de diez kilómetros, Diana, Ninoska, Thony, Antonio, Anita y Pedro, entonces queda claro que la mayoría de mis amigos/as son gente normal como Carlos y Norberto que superaron esa etapa de andar corriendo en su juventud temprana. José Agustín parece que va a caer en el camino de la perdición, ojalá la cerveza lo salve.
Pero, y aquí viene la segunda investigación, debe haber un motivo para que más de seis mil personas, jóvenes, viejas, gordas, flacas, bellas o feas, decidan enfrentar ese poco de kilómetros un domingo antes de que salga el sol. No debe ser el premio metálico, que en ésta oportunidad era muy bueno, porque la mayoría no tenía cara de estar engañándose: estaban claritos que son parte de “el lote”.
He escuchado la tesis de que el trotar genera tantas endorfinas que prácticamente terminas drogado, pero si ese fuese el motivo más de uno se le debe haber pasado la nota una vez que los músculos le empezaron a doler. Casi todos los que vi en la carrera luego estaban en las carpas de Dencorub.
Ansioso por saber el motivo pensé que la razón de tanto esfuerzo no la iba a encontrar en el camino sino en la meta. Logrando escabullírmele a los policías, organizadores y voluntarios me quedé plantado por más de cuatro horas en el extremo final de la carrera grabando lo que sucedía cada vez que un corredor traspasaba la meta.
Y fue así como, justo en el momento que salió el sol me di cuenta por qué la gente corre un Maratón. Qué es aquello que los estimula, cuál es el motivo que lo mueve a tanto esfuerzo. Por qué madrugar, gastar zapatos y sudar un domingo de febrero.
La razón: un cambur. Amarillo, madurito y lleno de potasio.
La gente corre para que le den un cambur. Con ese estímulo, vale la pena el esfuerzo. Al menos eso piensan los maratonistas.
Alejandro Luy
26 de febrero de 2012
lunes, 16 de febrero de 2015
Tenis
I
Hubo un tiempo cuando yo respondía ”Tenis” ante la pregunta ¿qué deporte practica? o su equivalente.
Porque, aunque le cueste creerlo, yo fui un jugador de tenis. Jugador con short con bolsillos, muñequera, bandana, raqueta de madera, pelotas, y admirador de Björn Borg, cuando ni siquiera existía ESPN (léase, más o menos, I-ES-PI-EN). El músculo de mi brazo derecho era significativamente más voluminoso que el izquierdo.
Una prueba de que yo era un jugador de tenis es el estado actual de mis rodillas, que ahora no toleran una subidita a El Ávila todo porque sus meniscos se destrozaron mientas practicaba aquel que alguna vez se llamó el deporte blanco.
Estaría yo en primer año y merodearía los 11 años cuando le pedía a mi papá que me llevara al frontón de la Universidad Central de Venezuela, ese que usted ve a la izquierda tan pronto entra por la entrada Tamanaco, todos los domingos por la mañana.
Y mi papá me llevaba. A partir de allí no me queda duda de que mi padre me quiere mucho. Porque hay que ser un padre abnegado para hacer lo que mi padre hacía. No como yo que sólo llevo a mis hijas y a mi hijo al Parque del Este como tres domingos al año, y después de las 11.
Y entonces me paraba yo frente al monstruo verde, picado por una línea blanca a darle a la pelotita, una y otra y otra vez, hasta que indefectiblemente la mandaba para el otro lado, salía a buscarla o mandaba a mi papá.
Créanme que yo iba mejorando con cada domingo que entrenaba, pero la pared era mi único destino. Como era jugador solitario era difícil encontrar con quien entrar a la cancha. Eventualmente, cuando faltaba alguien en un doble alguien me “invitaba” a jugar. Por supuesto quienes me daban la oportunidad lo hacían con mucha resignación. Un psicólogo me haría ver que – para los fines del juego – mi presencia era sólo un “peor es nada”.
De ese tiempo recuerdo una viejita gringa como de 60 años que jugaba de manera impresionante, y era asidua a las canchas de la UCV y del hotel Caracas Milton (donde a veces me coleaba). Cuando hacía pareja de juego con ella, la mujer devolvía todas las pelotas, y vencía a los adversarios, mientras yo buscaba las pelotas que quedaban en la red y esperaba los ciclos necesarios para hacer el saque. Al menos nadie podía obviarme en ese momento del juego.
Pero yo no me amilanaba y seguía jugando, incluso con mi amigo Raúl en la Plaza de la Iglesia de Pagüita, allí al final de la Avenida Sucre y justo en frente del Palacio de Miraflores. Honestamente creo que ni antes ni después de esa época, alguna persona ha jugado tenis en tan particular terreno.
Imagínese que pensaría hoy la Casa Militar si ve a unos adolescentes cursantes de tercer año practicando tan imperialista deporte en la plaza de Pagüita. No dudarían pensar que es una vaina de la CIA.
II
Pero el tenis me hizo aprender muchas cosas y encaminar mi vida.
Cuando salí del bachillerato y mientras esperaba el cupo de la Universidad, dediqué la mayor parte de mi tiempo a entrenarme en el deporte. Fue allí, compartiendo con Domingo y Raúl que conocía mi primer entrenador, y al mismo tiempo a la primera persona que me estafó.
Porque yo tuve un entrenador, que me decía que calentara los músculos, que me lanzaba pelotas, que me enseñaba como agarrar la raqueta tanto en el forehand como el backhand. Me enseñó como debía colocarme en la cancha, en qué momento debía ir a la malla, y hasta como hacerle perder la paciencia al adversario. Mi entrenador organizaba torneos entre quienes jugábamos en las canchas de La Paz, en el Paraíso.
Y fue mi entrenador el que me ofreció un par de raquetas Wilson por 500 bolívares de los del año 80. De los bolívares de antes del viernes negro. Dos raquetas por un poco más de 100 dólares. Pero eran los tiempos cuando uno no hacía la conversión a dólares.
Yo no se cómo conseguí el dinero pero no se me olvida que debí entregárselo completo a mi entrenador, para el adquirir los benditos implementos. Como a las dos semanas me trajo una de las raquetas, y la otra me la entregaría después.
Pasaba el tiempo y la raqueta no aparecía, hasta que llegó el momento en que tampoco apareció mi entrenador.
Así conocí a mi primer estafador.
III
¿Será por eso que a mi me parece que el tenis es una especie de estafa para la salud?
Todo el mundo sostiene que el deporte es bueno para el cuerpo, pero cada vez que pienso en los meniscos de los tenistas (incluyendo los míos), entre una de sus tantas dolencias, más concluyo que deporte igual a cuerpo sano es una ecuación falsa.
Por ejemplo el otro día estaba viendo a Rafael Nadal, el joven español que tiene como tres años como número 2 del mundo del tenis, cuando lo atendían en plena cancha. El “Matador” (así le dicen) tenía una ampollas que usted sólo puede ver en los pies de un jugador de tenis.
Caminar con unas alpargatas en el llano no causa el daño que hace jugar tenis, aun contando con los zapatos más ergonómicos desarrollados por Nike, marca que auspicia a Nadal.
En el abierto de Roma de este año fueron varios los jugadores que debieron abandonar. Dolores en la espalda, mareos, vómitos en transmisión en vivo y directo de ESPN, fueron algunas de las manifestaciones de lo saludable que son los jugadores de tenis.
Es tan particular el efecto negativo del tenis en la salud que hasta hay una enfermedad propia de la especialidad: “el codo de tenista”. Esto es un producto único.
Usted empieza a entrenarse como tenista y sabrá que se ha empeñado en su entrenamiento cuando sienta un dolor insoportable en la articulación del brazo, que lo mandará a un doctor quien, para que pueda recuperar su salud, le dirá que necesita reposo, es decir no hacer ningún deporte.
Pero lo último que he descubierto es que hay en los tenistas problemas sicológicos, más allá de lo que supone que es estar loco para someterse a tanta tortura llamada deporte, que se evidencia en conductas exageradas de acciones típicas del juego.
Yo la bauticé “Patología Djokovic” en honor a su más claro exponente, el jugador serbio Novak Djokovic. Esta es una enfermad que sufre el jugador pero afecta a sus rivales y a los espectadores.
¿Cómo se manifiesta? Imagine que usted es un jugador que hace botar su pelota antes del saque. Un jugador normal, puede hacer 4, 5, 7 rebotes rápido antes de lanzarla por sobre su cabeza para proceder a golpearla con la raqueta y pasarla para el otro lado.
La “Patología Djokovic” se manifiesta en que usted rebota de manera pausada, absolutamente ensimismado, por 17, 18, 19 ó 20 veces la pelota antes del saque. Y lo hace una, y otra y otra vez, a lo largo de dos horas o más de juego.
¿Qué tiene dentro de su mente un sujeto que se pierde en el rebote de una pelotita amarilla durante 20 veces? Hágalo usted y dígame que siente.
Eso no es concentración; eso es una enfermedad mental, y de las peores. Y claro tal comportamiento le rompe los nervios al que está esperando el saque así como a los que tratamos de disfrutar el juego frente al televisor.
El tenis no es otra cosa que un deporte. Una actividad inventada para que unos se esfuercen, suden, se lesionen mientras otros entrenamos nuestra comodidad
Alejandro Luy
1 de junio 2008
Hubo un tiempo cuando yo respondía ”Tenis” ante la pregunta ¿qué deporte practica? o su equivalente.
Porque, aunque le cueste creerlo, yo fui un jugador de tenis. Jugador con short con bolsillos, muñequera, bandana, raqueta de madera, pelotas, y admirador de Björn Borg, cuando ni siquiera existía ESPN (léase, más o menos, I-ES-PI-EN). El músculo de mi brazo derecho era significativamente más voluminoso que el izquierdo.
Una prueba de que yo era un jugador de tenis es el estado actual de mis rodillas, que ahora no toleran una subidita a El Ávila todo porque sus meniscos se destrozaron mientas practicaba aquel que alguna vez se llamó el deporte blanco.
Estaría yo en primer año y merodearía los 11 años cuando le pedía a mi papá que me llevara al frontón de la Universidad Central de Venezuela, ese que usted ve a la izquierda tan pronto entra por la entrada Tamanaco, todos los domingos por la mañana.
Y mi papá me llevaba. A partir de allí no me queda duda de que mi padre me quiere mucho. Porque hay que ser un padre abnegado para hacer lo que mi padre hacía. No como yo que sólo llevo a mis hijas y a mi hijo al Parque del Este como tres domingos al año, y después de las 11.
Y entonces me paraba yo frente al monstruo verde, picado por una línea blanca a darle a la pelotita, una y otra y otra vez, hasta que indefectiblemente la mandaba para el otro lado, salía a buscarla o mandaba a mi papá.
Créanme que yo iba mejorando con cada domingo que entrenaba, pero la pared era mi único destino. Como era jugador solitario era difícil encontrar con quien entrar a la cancha. Eventualmente, cuando faltaba alguien en un doble alguien me “invitaba” a jugar. Por supuesto quienes me daban la oportunidad lo hacían con mucha resignación. Un psicólogo me haría ver que – para los fines del juego – mi presencia era sólo un “peor es nada”.
De ese tiempo recuerdo una viejita gringa como de 60 años que jugaba de manera impresionante, y era asidua a las canchas de la UCV y del hotel Caracas Milton (donde a veces me coleaba). Cuando hacía pareja de juego con ella, la mujer devolvía todas las pelotas, y vencía a los adversarios, mientras yo buscaba las pelotas que quedaban en la red y esperaba los ciclos necesarios para hacer el saque. Al menos nadie podía obviarme en ese momento del juego.
Pero yo no me amilanaba y seguía jugando, incluso con mi amigo Raúl en la Plaza de la Iglesia de Pagüita, allí al final de la Avenida Sucre y justo en frente del Palacio de Miraflores. Honestamente creo que ni antes ni después de esa época, alguna persona ha jugado tenis en tan particular terreno.
Imagínese que pensaría hoy la Casa Militar si ve a unos adolescentes cursantes de tercer año practicando tan imperialista deporte en la plaza de Pagüita. No dudarían pensar que es una vaina de la CIA.
II
Pero el tenis me hizo aprender muchas cosas y encaminar mi vida.
Cuando salí del bachillerato y mientras esperaba el cupo de la Universidad, dediqué la mayor parte de mi tiempo a entrenarme en el deporte. Fue allí, compartiendo con Domingo y Raúl que conocía mi primer entrenador, y al mismo tiempo a la primera persona que me estafó.
Porque yo tuve un entrenador, que me decía que calentara los músculos, que me lanzaba pelotas, que me enseñaba como agarrar la raqueta tanto en el forehand como el backhand. Me enseñó como debía colocarme en la cancha, en qué momento debía ir a la malla, y hasta como hacerle perder la paciencia al adversario. Mi entrenador organizaba torneos entre quienes jugábamos en las canchas de La Paz, en el Paraíso.
Y fue mi entrenador el que me ofreció un par de raquetas Wilson por 500 bolívares de los del año 80. De los bolívares de antes del viernes negro. Dos raquetas por un poco más de 100 dólares. Pero eran los tiempos cuando uno no hacía la conversión a dólares.
Yo no se cómo conseguí el dinero pero no se me olvida que debí entregárselo completo a mi entrenador, para el adquirir los benditos implementos. Como a las dos semanas me trajo una de las raquetas, y la otra me la entregaría después.
Pasaba el tiempo y la raqueta no aparecía, hasta que llegó el momento en que tampoco apareció mi entrenador.
Así conocí a mi primer estafador.
III
¿Será por eso que a mi me parece que el tenis es una especie de estafa para la salud?
Todo el mundo sostiene que el deporte es bueno para el cuerpo, pero cada vez que pienso en los meniscos de los tenistas (incluyendo los míos), entre una de sus tantas dolencias, más concluyo que deporte igual a cuerpo sano es una ecuación falsa.
Por ejemplo el otro día estaba viendo a Rafael Nadal, el joven español que tiene como tres años como número 2 del mundo del tenis, cuando lo atendían en plena cancha. El “Matador” (así le dicen) tenía una ampollas que usted sólo puede ver en los pies de un jugador de tenis.
Caminar con unas alpargatas en el llano no causa el daño que hace jugar tenis, aun contando con los zapatos más ergonómicos desarrollados por Nike, marca que auspicia a Nadal.
En el abierto de Roma de este año fueron varios los jugadores que debieron abandonar. Dolores en la espalda, mareos, vómitos en transmisión en vivo y directo de ESPN, fueron algunas de las manifestaciones de lo saludable que son los jugadores de tenis.
Es tan particular el efecto negativo del tenis en la salud que hasta hay una enfermedad propia de la especialidad: “el codo de tenista”. Esto es un producto único.
Usted empieza a entrenarse como tenista y sabrá que se ha empeñado en su entrenamiento cuando sienta un dolor insoportable en la articulación del brazo, que lo mandará a un doctor quien, para que pueda recuperar su salud, le dirá que necesita reposo, es decir no hacer ningún deporte.
Pero lo último que he descubierto es que hay en los tenistas problemas sicológicos, más allá de lo que supone que es estar loco para someterse a tanta tortura llamada deporte, que se evidencia en conductas exageradas de acciones típicas del juego.
Yo la bauticé “Patología Djokovic” en honor a su más claro exponente, el jugador serbio Novak Djokovic. Esta es una enfermad que sufre el jugador pero afecta a sus rivales y a los espectadores.
¿Cómo se manifiesta? Imagine que usted es un jugador que hace botar su pelota antes del saque. Un jugador normal, puede hacer 4, 5, 7 rebotes rápido antes de lanzarla por sobre su cabeza para proceder a golpearla con la raqueta y pasarla para el otro lado.
La “Patología Djokovic” se manifiesta en que usted rebota de manera pausada, absolutamente ensimismado, por 17, 18, 19 ó 20 veces la pelota antes del saque. Y lo hace una, y otra y otra vez, a lo largo de dos horas o más de juego.
¿Qué tiene dentro de su mente un sujeto que se pierde en el rebote de una pelotita amarilla durante 20 veces? Hágalo usted y dígame que siente.
Eso no es concentración; eso es una enfermedad mental, y de las peores. Y claro tal comportamiento le rompe los nervios al que está esperando el saque así como a los que tratamos de disfrutar el juego frente al televisor.
El tenis no es otra cosa que un deporte. Una actividad inventada para que unos se esfuercen, suden, se lesionen mientras otros entrenamos nuestra comodidad
Alejandro Luy
1 de junio 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
